SANTO DOMINGO. Aunque se lo proponga, a Pedro Martínez le cuesta pasar una hora despierto sin pensar en Cooperstown, puesto que adonde quiera que llega las solicitudes de fotos y firmas se encargan de recordársela, además de la kilométrica agenda de entrevistas y asistencias a actos. Su vida no es la misma desde el seis de enero pasado.
Lo que sí Martínez advierte a los organizadores del ceremonial de exaltación del Salón de la Fama es de que se preparen para la energía que espera inyecten miles de dominicanos al templo más sagrado del béisbol.
“Me imagino que las personas encargados del Salón de la Fama no se están percatando bien de que son los dominicanos en Cooperstown, un pueblo pequeño, tranquilo, donde se hace una ceremonia muy tranquila. Lo espero (mucho ruido) y yo sé que va a pasar. Le sugeriría al Salón de la Fama que tomen carta en el asunto porque sé cómo son los dominicanos. Y espero que sean dominicanos allá también, pero en orden como hicieron en el recibimiento cuando llegué”, dijo Martínez.
Cooperstown es un pueblo de 4.7 kilómetros cuadrados y cerca de 1,900 habitantes localizado a tres horas y 45 minutos del centro de la ciudad de Nueva York (308 KM).
La prisa no le ha permitido ni siquiera pensar en el discurso del 26 de julio, pero no es un tema que le preocupe.
“No soy persona de discurso, yo creo que el que va allá afuera y se para con una lista hecha de lo que va a decir lo que está tomando es poses y palabras que a lo mejor no las sentía en ese momento. Yo soy una persona que sí me pienso preparar elaborando nombres y personas y agradecimientos a las diferentes personas que han influenciados tanto en mi carrera pero en realidad lo que tengo que decir lo digo como es ¡papá! de corazón”, dijo el también tres veces ganador del premio Cy Young.
0 comentarios:
Publicar un comentario